Hace unos 150 millones del años, cuando el continente africano comenzaba a separarse de América del Sur, la Patagonia era una enorme región volcánica con una intensa actividad geotermal. Las aguas subterráneas afloraban a altas temperaturas sobre la superficie terrestre cubriendo con sus minerales todas las formas de vida que hallaban a su paso y generando un proceso de fosilización muy particular; tanto que gracias a él ha logrado preservarse la morfología de insectos, hongos y bacterias con una increíble nitidez.
Aunque se trata de un fenómeno conocido, hasta ahora no se sabía de la extraordinaria riqueza fósil que dejó en el sur de nuestro país. Su hallazgo fue revelado hace apenas unos días por un equipo de investigación, compuesto por un geólogo de la Universidad Nacional de La Plata que halló en ese yacimiento fósiles tan espectaculares como el del ojo compuesto de una mosca o el de una planta preservada en forma tridimensional.
Con todo, el valor del hallazgo no pasa por ningún fósil en particular, sino por el hecho de haber dado con una ventana al mundo del Jurásico que tiene decenas de kilómetros cuadrados y que nadie es capaz de decir aún todo lo que podría ofrecer. Como destacaron los responsables del descubrimiento, “no existe sitio en el mundo que contenga la cantidad y la diversidad de fósiles del Jurásico como tenemos en este lugar”.
El yacimiento, que se encuentra dentro del Macizo del Deseado, abarca en rigor 23 áreas que suman unos 60 kilómetros cuadrados y que se hallan distribuidas por el centro y norte de la provincia de Santa Cruz. Su riqueza es tal que cada roca estudiada en el microscopio -aseguran- parece revelar un nuevo asombro.
Se trata de un “yacimiento único y de un inmenso valor paleontológico por la combinación del tipo de preservación, el ambiente donde se formó y la edad de los fósiles. No hay otro yacimiento jurásico en el mundo formado en un ambiente como este, y por ende con este excelente nivel de preservación. Se puede observar hasta el más fino de los detalles incluso en células, microbios, lo que en otros sedimentos no se preserva tan bien”, dice el geólogo Diego Guido, investigador del CONICET en el Instituto de Recursos Minerales de La Plata y docente en la UNLP.
Guido, que comenzó a estudiar ese sitio hace cerca de una década, explica que el grado de preservación está directamente relacionado con la forma en que se produjo. “En este ambiente, que se conoce como geotermal, se produjo la salida a la superficie de grandes volúmenes de agua caliente y saturada en minerales. Y esos minerales, principalmente el sílice, recubrieron rápidamente los organismos evitando su descomposición y preservando detalles de su anatomía que no son frecuentes en otros tipos de fosilización”.
“Este sitio será estudiado por decenas de años, por investigadores que vendrán después de nosotros y especialistas de todo el mundo estarán atentos a lo que se pueda descubrir acá”, augura por su parte el doctor Juan García Massini, otro de los responsables del hallazgo, para quien “este yacimiento incrementa de manera notoria las riquezas paleontológicas que ya se conocían de nuestro país”.
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